Don Ricardo E. Alegría: forjador de sueños, precursor de la cultura puertorriqueña

Por Prof. Alexis O. Tirado Rivera

Abril ha sido un mes sumamente interesante en la vida tanto política como institucional de nuestro país. Por un lado, los asuntos relacionados a la presencia de la Marina de Guerra de los Estados Unidos de Norteamérica en la isla puertorriqueña de Vieques se ha tragado prácticamente los problemas fundamentales del país; y por otro, lo relacionado a la beatificación por parte del Sumo Pontífice, Juan Pablo II, del laico puertorriqueño el venerable Carlos Manuel Rodríguez Santiago. Sin duda alguna, Abril, pasará a la historia como uno de los meses más intensos en cuanto a noticias se refiere de los pasados cuatro meses.

Sin embargo, Abril es el mes del natalicio de tres figuras que han dado lustre, honor y prestigio a nuestro pueblo. Celebramos el cumpleaños de dos ex- presidentes de la Cámara de Representantes de Puerto Rico (antes Cámara de Delegados), José De Diego y Ernesto Ramos Antonini. La tercera figura el cual va dirigido nuestro homenaje, lo es Don Ricardo Enrique Alegría Gallardo, nacido en San Juan de Puerto Rico hace ochenta años. Los primeros dos se distinguieron en el siglo XX dentro de las luchas políticas; Don Ricardo, hace lo propio, pero desde las trincheras en la defensa cultural y el patrimonio histórico y edificado de nuestra querida Isla. Y aún sigue entre nosotros dando arduas batallas.

Conozco a Don Ricardo hace aproximadamente ocho años cuando me iniciaba en mis estudios de Maestría en Historia en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe en el Viejo San Juan- Seminario Conciliar San Ildefonso. Allí en un ambiente de respeto y espiritual, ofrece el curso Cultura Puertorriqueña y del Caribe. Ese año es un viaje contínuo hacia nuestro gran Caribe, conociendo las primeras poblaciones pre- colombinas y el desarrollo de las mismas a través de la historia de nuestros pueblos caribeños. La presencia de los europeos es también analizada en el curso para llegar a conocer el impacto de estas en aquellas poblaciones que habitaban la región, inclusive nuestro Puerto Rico. Don Ricardo, tiene la virtud de conocer tanto a nuestro país como al Caribe.

Desde ese instante que le conocí personalmente en 1993, aunque debo aclarar, que sí lo conocía a través de sus escritos, más importante aún, lo conocí gracias a las enseñanzas de mi papá, su amigo de hace muchos años, quien me hablaba de Don Ricardo al igual que de Don Luis Muñoz Marín. Aún en los archivos personales de mi papá en su gestión pública, conservamos varias fotografías de papi y de Don Ricardo cuando ambos participaron en la década de los 70' s en la primera Comisión de Reforma Educativa; papi como miembro de la Cámara de Representantes y el Dr. Alegría como Director Ejecutivo del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Desde entonces, han sido largas las conversaciones con Don Ricardo, desde su oficina privada entre papeles y libros, en las aceras del San Juan amurallada hasta en los pasillos del Seminario Conciliar San Ildefonso en el Viejo San Juan, donde puertorriqueños ilustres como Román Baldorioty de Castro y Alejandro Tapia y Rivera cursaron sus estudios con los moradores redentoristas, hoy día el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe.

Esas conversaciones han girado desde nuestra inquietud historiográfica por conocer con más profundidad la historia de nuestra región caribeña hasta el pensar sobre el futuro de Puerto Rico. Conversar con Don Ricardo, como le llamamos en el Seminario, es una de las experiencias más fascinantes que pueda tener cualquier puertorriqueño. Hombre conocedor de nuestra cultura y de nuestra historia. Gracias a él conocemos las primeras culturas aborígenes que habitaron nuestra Isla; como por ejemplo, los hallazgos del Centro Ceremonial Indígena Caguana en Utuado. Sus estudios antropológicos y arqueológicos lo llevaron a explorar la antigua finca familiar, Hacienda Grande en Loíza, donde descubrió uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de nuestros aborígenes en los tiempos de los Aruacos. Conocer a Don Ricardo es entender la cultura puertorriqueña en toda su máxima expresión. Durante la gobernación de Luis Muñoz Marín cuando observó que se estaba perdiendo algunas de nuestras expresiones culturales frente al avance desmedido del idioma inglés, (ejemplo de ello lo vemos en el famoso discurso de Muñoz de "Agapito' s Place" ante la Asociación de Maestros en la década de 1950' s) encomendó a Don Ricardo la adopción de una política pública cultural que tuviera el efecto de preservar la cultura puertorriqueña. Para ello, Alegría, fundó el Instituto de Cultura Puertorriqueña (I.C.P.) en 1955 junto a un grupo de puertorriqueños preocupados por el rumbo cultural de la Isla y respaldado por el Gobierno del Partido Popular. Aquella gesta logró detener el avance de la americanización desmedida, a pesar de la oposición de los sectores anexionistas en el famoso debate legislativo por el nombre del I.C.P. en la Cámara de Representantes en 1955.

A través del I.C.P. se fomentaron programas culturales de gran valía para el pueblo puertorriqueño. Por ejemplo, los programas de teatro, música, los centros culturales, museos, el Archivo General de Puerto Rico -donde se preserva la memoria colectiva nuestra-, la editorial del I.C.P., donde se ha publicado lo mejor de nuestra literatura histórica así como la literatura puertorriqueña desde el "Aguinaldo Puertorriqueño" y "El Gíbaro", expresiones del siglo XIX; las obras de Tapia y Rivera pasando por la colección completa de Muñoz Rivera, Brau, Pedreira y la generación más reciente de escritores puertorriqueños. Las conferencias históricas y literarias de la década de 1950 asupiciadas por el I.C.P. es un recurso valioso tanto para estudiantes como investigadores. Los intelectuales de la época nos dejaron a través de estas conferencias su pensar sobre nuestra evolución como pueblo. Alegría es un fiel promotor de la conciencia histórica nacional. A través de la "Revista del I.C.P." y de "La Revista del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe", ha permitido que estudiosos en el campo de la cultura, historia y literatura puedan expresar sus ideas libremente.

Don Ricardo es un forjador de sueños. Cuando nadie se preocupaba por preservar el casco histórico del Viejo San Juan, (recuerdo su lamento por el derribo de las puertas de acceso a San Juan en los tiempos coloniales) él hacía los planteamientos de rigor para preservar por su valor histórico y arquitectónico nuestra antigua ciudad. Si hoy día los que visitamos, estudiamos y disfrutamos del Viejo San Juan, se lo debemos a Don Ricardo por su visión, esfuerzo, dinamismo y compromiso para que el Pueblo de Puerto Rico pueda disfrutar de una de las antiguas ciudades tanto de América como de la zona del Caribe.

La ciudad de Guayama ha encontrado siempre en Don Ricardo un fiel amigo. Hace un tiempo, alguien en el Centro me llamó para que identificara, mediante fotos, las calles donde se localizaba algunas de nuestras casonas en la zona urbana de Guayama. Cuando pregunté me dijeron que Don Ricardo las había tomado en la década de 1960, por su preocupación del deterioro de la zona antigua de la ciudad de Guayama. Por lo menos, en la última parte del siglo XX los esfuerzos de preservación histórica y arquitectónica de la ciudad por parte del Gobierno Municipal han rendido frutos, y hoy día podemos caminar por el centro histórico de Guayama orgullosos de ese pasado. También, Don Ricardo había emprendido un esfuerzo personal para que se preservara la casa donde nació y se crió el pintor guayamés, Fran Cervoni. El Senado llegó a encomendar a la Comisión de Educación en el 1996 un estudio sobre el particular, pero dicha Comisión dejó morir el estudio al filo de la media noche del 31 de diciembre de 1996. De igual forma, la antigua casa- finca de Luis Muñoz Marín en Jájome (cerca de la gruta, en la curva) según Don Ricardo debía ser preservada por el Pueblo de Puerto Rico. La paz para Vieques es su actual proyecto. Por eso decimos que la obra de Ricardo Alegría es una de "Forjadores de Sueños y Esperanzas". A cuántos que vivieron la época dorada del I.C.P. les llegó la obra de Ricardo Alegría sin darse cuenta del ser humano que estaba detrás de esos proyectos culturales.

Deberíamos retomar aquellos esfuerzos que emprendió el I.C.P. a partir de 1955 bajo la tutela del Dr. Alegría. Hace falta para que nuestro pueblo y, en especial las actuales generaciones, conozcan aún más su cultura e historia.

Enhorabuena a mi amigo, mi Profesor Ricardo Enrique Alegría Gallardo por arribar a los 80 años; gracias por los valiosos servicios prestados y emprendidos en la actualidad para Puerto Rico, en especial a la cultura e historia puertorriqueña. Lo que sé de nuestros antepasados y de nuestra cultura, y lo transmito hoy a mis estudiantes universitarios del curso de Historia de Puerto Rico, se lo debo en parte a usted. ˇFelicidades, Don Ricardo! (El autor es profesor de Historia en la Universidad Interamericana de Puerto Rico en Guayama y en el Colegio Universitario de Cayey de la Universidad de Puerto Rico. E- mail: a_tirado@cayey1.upr.clu.edu).