CreaciónRecado de lucha a Vieques

MAGALY QUIÑONES

Río Piedras

No sé en qué eclipse o en qué sol
se encontraron tus nombres con mis nombres.
Sé que di un paso al frente
y un mapa de caminos sin distancia
se apretó al nudo de mi cuerpo.
Tü traes la piedra que me corresponde...
Si vivo en Cartagena o en París,
Si hago camino al sol en Ciudad México,
tu nombre y tu apellido me siguen calle a calle,
bajo las lenguas de este sol de fuego
tú propones el canto de las lámparas.

Ayer hubo un nosotros cerrado.
Se me enredó el cabello en tus balcones,
desdibujé mi sangre en tus zaguanes
y el sueño de la oruga que acarició mi vida de estudiante
se abrió ante tu secreto.
Río Piedras, mi cuerpo es cosa tuya...
A ti debo el espacio demorado,
mi vocación de pez
subsistiendo en un rio que ha perdido su cauce
en una isla que no conoce el canto ni el nombre de sus peces;
a ti debo mi jübilo sin fondo, mi hoja de laurel,
el aula que acogid mi inteligencia,
el fuego que me alienta y esta espiga sin tregua que se crece
en el suelo antillano.
Por los oscuros callejones,
dejando los zapatos, el sudor, el abrigo
en jubilosas o ruinosas calles,
quebrando las valijas que siempre llevé a cuestas,
subiendo por la Brumbaugh o enfilando hacia el este
por la sabana de José de Diego, entre Santa Rita y Amparo...
he completado el viaje solo por esperarte
a vuelta del regreso.

Y como fui semilla germinada en tu surco,
te he prestado mis alas. Y como no cabíamos los dos
en el vestido de piel y de hueso
que me fue concedido para el viaje
tuve que buscar manos, hombros, piedras, raíces

que cargaran conmigo el equipaje,
que rompieran el cerco indiferente,
que hilaran tu memoria de caracola abierta
alternando La lucha con el rezo.
Nada más nada menos.

Rio Piedras, mi cuerpo es cosa tuya,
mi alma, for de jardin en tu recuerdo.
MAGALY QUIÑONES


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