Volver Tiempo Ordinario

 

Por: Hno. Pascual Pérez, H.Ch.

        La Iglesia, Madre y Maestra, enfoca lo que se define como, "tiempos litúrgicos", en diferentes fases en consonancia con el plan de salvación revelado por Cristo. El año litúrgico se divide en dos grandes bloques: "Tiempo fuerte y Tiempo Ordinario". Podemos decir que el tiempo fuerte lo compone la Pascua, con la Cuaresma, que es el tiempo de preparación para la gran celebración del misterio Pascual, el Adviento y la Navidad. A estos cuatro tiempos del bloque fuerte que hacemos mención, se le atribuyen episodios trascendentales en el plan de salvación. Como podemos ver, y constatar por la historia de una larga tradición, el año litúrgico (año eclesiástico) da comienzo con el Adviento donde se nos manifiesta la Encarnación del Hijo de Dios, la Epifanía o manifestación de los Tres Santos Reyes y el Bautismo del Señor, solemnidad con que termina el tiempo de la Navidad. Una vez terminada la Navidad empieza la primera parte del tiempo ordinario al que le seguirá el tiempo fuerte de la historia humana y eclesial, la Cuaresma. Se le ha dado la connotación de "tiempo fuerte" porque cuando visualizamos la Cuaresma nos encontramos con los grandes acontecimientos de la redención humana, la Pasión, Muerte y Resurrección del Salvador. Tiempo de redención y salvación, sobre todo, tiempo de gracia y misericordia de parte de nuestro Dios.

        En el segundo bloque litúrgico nos encontramos con el tiempo ordinario, casi de la misma extensión que el primero pero con un matiz bastante diferente. En él no se rememoran sucesivamente los diversos misterios cristianos, sino que se profundizan en su conjunto y se penetra en ellos con una contemplación menos festiva, si se quiere, pero quizás más "interiorizante". Este, podemos decir, es el tiempo de profundizar, conocer y vivir los tiempos litúrgicos antes mencionados. En este tiempo la Iglesia nos ofrece la oportunidad de tener un encuentro personal con el Señor Jesús por medio de la lectura y meditación de la Palabra y la recepción de los Sacramentos. La segunda parte del tiempo ordinario se ubica entre el domingo de resurrección y el tiempo de adviento. Naturalmente es un largo tiempo para la vivencia de los misterios redentores del Señor.

        En esta parte del tiempo ordinario, queremos animarle a que lo aproveche al máximo buscando una linda relación personal con el Señor, tratando de prepararse bien en su vida espiritual. Trate de vivir una relación íntima con su Señor y Salvador Jesucristo. Todos los tiempos litúrgicos están diseñados por el artífice divino para que logremos la santidad. No deje que su vida se haga sal y humo y tenga un triste encuentro con el Señor al final de sus días. Búsquelo ahora que puede ser encontrado, como nos dicen las Sagradas Escrituras. Ahora es el tiempo de gracia del Señor, como dice el salmista. No se olvide de aquella palabra con luz que se reza en la plegaria Eucarística: "De Dios venimos, en Dios existimos y hacia Dios vamos", recuerde que esto aplica a católicos y no católicos, a creyentes y no creyentes, a blancos y negros, en una palabra, a todo ser humano sobre la faz de la tierra.