Por Agustín de Andino
En mi nueva obra intento otra vez desensamblar la percepción de la realidad a través de la memoria iconográfica. En dicha tarea el concepto de atavismo me ha sido útil porque reconstruye la noción del tiempo: implica la existencia simultáneamente de un rasgo antiguo y su reiteración en el presente. Funde la inmediatez con la historia y confronta al alegado progreso con el pasado inevitable.
Un atavismo es una característica presente que se retrotrae al pasado remoto-la reaparición de un rasgo primitivo, la inesperada recurrencia de un atributo de nuestros antepasados que había desaparecido en nuestro antecesor, la prevalencia de un vestigio. El atavismo es la mejor prueba de que los fantasmas de la historia habitan en la actualidad.
Cuando el nuevo milenio amanece en medio de guerras religiosas, epidemias desatendidas, genocidio, degradación ambiental y ciegas luchas por el poder y la dominación, es muy difícil negar que nuestros peores atavismos han prevalecido sobre las virtudes que le atribuimos a la civilización, al progreso y a la modernidad.

